domingo, 1 de abril de 2012

Fase anal. Segunda parte.

Aquí les dejo la segunda parte de una de las etapas mas ricas e importantes del desarrollo libidinal: la fase anal.

Aqui puedes ver la primera parte: 

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La otra sub-etapa de la fase anal es la anal-evacuativa. Aquí el niño hace caca gustosamente y obtiene un plus de placer por ello. Todos conocemos el placer de ir al baño. Sobre todo después de haber retenido por un tiempo bastante largo. También está caracterizada por el hecho de que el niño juega con sus heces, o con todo lo que se le parezca: el puré, barro, cremas, etc. La amasa, la rebolea por todos lados, se ensucia con ella.

En esta segunda sub-etapa, también el niño empieza a aprender los primeros modales y normas de convivencia e higiene. Aquí es cuando aprendemos, por ejemplo, que la caca es sucia. Uno no puede ir por la vida encastrándose con su materia fecal, o revoleándola por las paredes de la casa. Aquí es donde la cultura empieza a tener un lugar importante en la vida del niño. Él tiene que ser limpio, ordenado, tiene que ir al baño solo, tiene que relacionarse bien con los demás, debe respetar las normas de convivencia etc. En esta fase se establecen las bases de lo que Freud llamo diques, importantes para la posterior conformación del súper yo (la conciencia moral) y por tanto para que sea posible el mecanismo de la represión.

EL otro aspecto que no debe quedar por fuera cuando hablamos de la fase anal es su costado sádico, ligado al incipiente control muscular. En niño tiene conductas agresivas: muerde, golpea, corre de los padres, etc. Se trata solamente de la expresión de las pulsiones sádicas, del placer autoerótico que le produce controlar su musculatura.  No es que el niño sea malo. Uno es malo cuando transgrede las reglas de convivencia. El niño no transgrede nada. Es solo que esas reglas de convivencia (ligadas siempre a una sociedad determinada y, por ende, a la cultura) se están formando. Si lo pensamos detenidamente es otra cara de lo que ya venimos mencionando: el niño debe controlar sus instintos, debe ajustarlos a lo que pide la cultura. Claro que eso se consigue con la firmeza de los padres, ya que el niño desafiará esas reglas constantemente hasta hacerlas propias.

Y así, lo que nos deja la fase anal gira en torno a dos cuestiones muy importantes, que en realidad son una misma. La renuncia a un objeto de amor, y el control de sus pulsiones, de sus instintos, a favor de lo que exige la cultura. Digo que son una sola, porque en ambos casos se trata de ajustar los instintos, deseos y pulsiones a la realidad, realidad que siempre tiene un estatuto social, cultural.

Todo el erotismo anal tiene un lugar importante en la conformación de nuestro carácter. El cómo se resuelve nuestro paso por esta la fase anal determina cuestiones como cuán ahorrativos somos (retener o evacuar), nuestra relación con el dinero (por ecuación simbólica con la caca), cuan ordenados o desordenados, cuan limpios o sucios, cuan sumisos o rebeldes a las normas sociales. En toda la obra de Freud se observa una estrecha relación entre el erotismo anal y la personalidad obsesiva.

Para los que estén interesados en profundizar esta cuestión les recomiendo dos textos bien breves de Freud: Carácter y erotismo anal, y  Sobre la transposición de las pulsiones, en particular del erotismo anal[1]

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Espero que les haya gustado. Nos vemos  la próxima con la fase fálica.


[1] Otro texto recomendado para profundizar en la relación entre el erotismo anal y la personalidad obsesiva, pero que requiere más tiempo y dedicación, es el historial del Hombre de las RATAS: Freud, S. “A propósito de un caso de neurosis obsesiva”(1909), OP. Cit.

sábado, 31 de marzo de 2012

La fase anal. Primera parte

Ante todo dsiculpas por el tiempo sin actualizaciones. Vacaciones, examenes y algunos proyectos paralelos a este me mantuvieron alejado por un tiempo. Pero heme aquí nuevamente.

En este caso, continuando con nuestro breve curso de sexualidad, vamos a abordar a la fase Oral. Es una de las fases mas ricas de todas, por lo tanto también extensa. Asi que decidí dividir este tema en dos entregas. A continuación la primera parte.
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Evolutivamente, la fase anal se produce entre el fin del primer y hasta los tres años de edad aproximadamente. Muchas cosas ocurren en esos momentos: el niño no solo está aprendiendo a controlar sus esfínteres, también está aprendiendo a caminar, a correr y los mas importante, a hablar. Todo eso exige y permite nuevos esquemas de pensamiento, de representaciones del mundo con el que se interactúa, de la relación con las personas, etc.

La fase anal esta subdividida en dos: la anal retentiva y la anal evacuativa, y cada una de ella tiene diferentes características y consecuencias. Aquí, para no extendernos demasiado en esta ocasión, vamos a enfocarnos en la anal retentiva.

Lo que caracteriza  a la subfase anal retentiva es el hecho de que el niño no quiere hacer caca. Para entender eso hay que tener en cuenta dos cosas fundamentales. En primer lugar, aspecto de las sensaciones corporales. Retener las heces puede producir un monto de placer en la zona abdominal. Si recordamos que la sexualidad es autoerótica, retener las heces es un modo autoerótico de propiciarse placer.

En segundo lugar hay que tener en cuenta  el aspecto de la representación del cuerpo que hemos alcanzado en la fase anal. En estos momentos tan tempranos la imagen del sí mismo no es la misma que la de los adultos. Para el niño, las heces son parte del cuerpo, parte del sí mismo, una parte de su cuerpo a la que el niño tiene que renunciar cada vez que va de cuerpo. Es una parte del yo que se pierde.

Para complicarle las cosas, los padres comienzan a demostrar su disgusto con él cada vez que no hace caca o cuando se hace encima en cualquier  momento. Tiene que aprender a ir de cuerpo en un lugar y tiempo determinados. La situación del niño, tal como él la vive, es de vida o muerte. Está entre la espada y la pared: o aprende a renunciar a su cuerpo cuando se lo piden (hacer caca), o pierde el amor de sus padres. En este contexto se entiende por qué en ocasiones podemos dejar a los niños con su pelela por horas y que no defequen. O cuando están en proceso de dejar los pañales, tener que ponérselos para que lo hagan.

Para completar su fantasía, cada vez que el niño hace caca en la pelela, o en el inodoro, los padres festejan ese acontecimiento, lo celebran, lo aplauden. Desde su punto de vista, lo aman. Así para el bebé sus heces son un regalo, un regalo para sus padres, y en particular para la madre. Aquí queda establecido el primer eslabón de la ecuación simbólica tan importante para el psicoanálisis “caca=regalo”, primer eslabón de la cadena completa “caca=bebe=regalo=dinero”.

Esto puede parecer algo raro para quien no estudia psicoanálisis. Pero pensemos en frases como “Un bebe es un regalo del cielo”, que “el dinero es lo más sucio que hay”, “te dejaron un regalito” cuando un perro hace caca en nuestro jardín, “mierda quiero, mierda tengo” refiriéndonos al dinero; o supersticiones como la que dice que cuando pisamos caca de perro es porque vamos a ganar dinero.


Lo más importante hasta aquí radica en el encuentro del niño con la renuncia. Es la primera vez en que entendemos que todo no se puede. Que a veces, para tener algo (el amor de los padres) necesitamos renunciar y dejar cosas en el camino (la caca, que aquí es una parte del yo).

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En la próxima entrega vamos a tratar el costado sádico de la fase anal y nos vamos a centrar en los aspectos del comportamiento humano que pueden explicarse a partir de la fase anal. Hasta la próxima.

sábado, 14 de enero de 2012

La fase oral


Continuando con nuestro mini curso de sexualidad, esta vez hablaremos de una de las fases del desarrollo sexual, la fase oral.

Algo que nos quedo pendiente, y que saldaremos en esta ocasión, es una caracterización de la sexualidad infantil. Dice Freud que “esta nace apuntalándose en una de las funciones corporales importantes para la vida; todavía no conoce un objeto sexual, pues es autoerótica, y su meta sexual se encuentra bajo el imperio de una zona erógena.”[1]

Ya habíamos hablado del autoerotismo. Que existe un imperio de una zona erógena quiere decir que en cada fase hay una zona del cuerpo que se vuelve el centro de la atención y de las sensaciones placenteras. Cada zona le da nombre a cada una de las fases: fase oral tiene que ver con la boca; fase anal con los esfínteres, y la fase fálica y genital con los genitales. El hecho de que una zona pueda llegar a ser erógena tiene que ver con el punto siguiente: que la sexualidad se apuntala en las funciones importantes de la vida (la boca la nutrición, los esfínteres en la evacuación y los genitales en la reproducción).

Que la sexualidad se apuntala en alguna de las funciones importantes de la vida, quiere decir que aparece como un extra de la satisfacción de alguna de aquellas funciones. Apuntalar significa “dar el impulso inicial”, y es lo que ocurre con la sexualidad. Encuentra su impulso inicial en las necesidades biológicas.

 Así, para ir metiéndonos en el caso puntual de la fase oral al mismo tiempo que explicamos esto, diremos que todo se inicia con el mamar. Cuando el niño nace, viene con algunos reflejos que se llaman arcaicos[2]. Uno de ellos es el chupeteo. Es puramente adaptativo. Si en los primeros días de vida la nutrición estará dada casi exclusivamente con la leche materna, que el niño venga del vientre con ese reflejo incorporado, es una clara evidencia de que es algo adaptativo, algo preparado para la supervivencia: chupar será en los momentos más tempranos el único medio para acceder a la nutrición.

Pero pronto se advierte que el bebé lo chupa todo. Se chupa los dedos, un chupete, o cualquier cosa que este a su alcance. Chupar ya no es solamente un modo de sobre vivir, de alcanzar la nutrición. Es también un modo de relacionarse con el mundo, de aprender de él y de obtener sensaciones placenteras. Todo eso es más que la mera función biológica.

El mejor ejemplo de ello es el chupete. Si lo pensamos desde una lógica biologicista, el chupete no tiene ningún tipo de explicación racional. En niño chupa para obtener nada. Sin embargo muchos hemos sido testigos de que con un chupete podemos calmar a un bebe, dormirlo, y de cuán difícil puede resultar separarlos…

Hace algunos años en la Argentina, Carlitos Balá inventaba el Chupetómetro, un recipiente gigante en el que los niños podían renunciar a su chupete dejándolo ahí para siempre. Este ejemplo nos permite entender que si aceptamos que el niño tiene que renunciar al chupete en algún momento es porque hay una relación de amor con ese objeto que se chupa. Y esa relación con el chupete ya no tiene nada que ver con la nutrición y la lactancia aunque se haya iniciado ahí.

De modo que en este recorrido hemos postulado algunas otras cosas importantes: que a través del chupeteo el niño puede aprender y relacionarse con el mundo, por un lado, y también que se va conformando un modo de relación con un objeto (el chupete en este caso).

Bueno esas dos conclusiones dicen mucho más de lo que parece. Modos de aprender y de relacionarse con el mundo y con los otros implican esquemas de representación del mudo, modos defensivos, modos de simbolizar y de decir las cosas, modos del carácter, ideales, representaciones del sí mismo y del objeto, entre otras muchas cosas, que irán conformando, en la media en que el desarrollo sexual continúa, nuestra personalidad, con todo lo que ello implica.

Lo interesante es poder ver qué de cada una de las fases es lo que podemos entender y explicar del comportamiento de las personas. Así la fase oral nos permite comprender todo aquello que tiene que ver con lo que se incorpora en las personas, lo que se traga o nos traga, lo que comemos o nos come.

Unos de los principales procesos psíquicos que tienen que ver con la fase oral es la identificación, ya que supone una incorporación del objeto, o parte de él, en el sujeto.

Un ejemplo bien conocido de esto es la última cena. Cualquier estudioso de la Biblia o de los símbolos puede explicar que simbolizar el cuerpo con el pan y la sangre con el vino, e ingerirlos, simboliza un acto de canibalismo. Es un modo de comer a quien se admira, a quien se ama, y así incorporar en el yo sus características, sus virtudes, sus conocimientos.

Otro ejemplo conocido es el de algunas sociedades caníbales que se comían a sus enemigos para adquirir sus características, su valor, su fuerza[3].

Hablar también tiene que ver con la fase oral. Si bien la comunicación es algo necesario para entendernos con los demás, pareciera que tenemos la necesidad de hablar de todo, de opinar sobre todo. Las redes sociales, los blogs como este, las conferencias, los libros autobiográficos,  entre otras cosas, dan cuenta de este placer por el habla, por contar, por decir. Ya no se trata de mera supervivencia.

En el próximo artículo hablaremos de la fase anal, de sus características y de sus aportes a la personalidad y el comportamiento humano.


[1] Freud, S. Tres ensayos de teoría sexual (op. cit.)
[2] Los reflejos arcaicos son aquellos que vienen con el recién nacido  y desaparecen a medida que el niño crece. Entre ellos encontramos el reflejo de búsqueda, de chupeteo, el natatorio, el de ojos de muñeca japonesa entre otros. Más información en: http://es.wikipedia.org/wiki/Reflejos_arcaicos
[3] Para ampliar este ejemplo véase: http://es.wikipedia.org/wiki/Canibalismo

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Características de la sexualidad infantil

Antes de volcarnos directo a la descripción de cada una de las fases, me gustaría comentarles algunas de las características de la sexualidad infantil. Dice Freud que “esta nace apuntalándose en una de las funciones corporales importantes para la vida; todavía no conoce un objeto sexual, pues es autoerótica, y su meta sexual se encuentra bajo el imperio de una zona erógena.”[1]

Autoerotismo


Como lo hizo Freud en su momento, vamos a usar un ejemplo para poder explicar a qué nos referimos con autoerotismo. Alguno de ustedes se preguntó por qué los bebes usan chupete, o mejor todavía, por qué el chupete los calma. Para Freud el chupeteo es un claro ejemplo de la sexualidad infantil[2].

Si lo pensamos sin prejuicios mediante, advertimos en el ejemplo del chupeteo una actividad que no tiene ningún fin biológico -no puede ser la nutrición porque del chupete en bebe no se alimenta- y que además le resulta placentero al bebé. Más aun, el placer es el propósito mismo del chupeteo.

Podemos extraer algunas conclusiones de este ejemplo.

Primero, ese placer se busca en una zona del propio cuerpo. Chupar produce determinadas sensaciones en la zona bucal que le son placenteras al bebe. Esas sensaciones placenteras son el fin en sí mismo del chupeteo. Ninguna otra cosa.

Segundo, el chupeteo no está dirigido a nadie, no tiene objeto. Es la experiencia en si mismo lo que produce el chupeteo. No hay fantasías en el chupeteo del bebe, y tampoco se trata de chupar algo en particular. Es el chupeteo por el chupeteo mismo.

Por último, no se trata de alguien que chupa algo. No hay todavía en el bebe una imagen acabada de sí mismo, y por lo tanto no hay un yo que chupe. El chupeteo es una actividad “automática”.

Estas tres cosas conforman lo esencial del autoerotismo. Se trata de toda actividad sexual anterior al establecimiento de yo, que no tiene objeto, y que se experimenta en una zona cuerpo propio.

Ya les había anticipado a medida que avanza el desarrollo sexual, una fase no reemplaza a la otra sino que la incluye. Esto es importante ya que el autoerotismo no es exclusiva de la sexualidad infantil, en la vida adulta también encontramos actividades que son autoeróticas. Algunos ejemplos quizá ayuden a comprender mejor a qué nos referimos con autoerotismo.

Estás en una clase en la facultad o en la escuela, y de seguro estás mordiendo una birome, un  bolígrafo o tus mismos labios ¿Y por qué lo estás haciendo? Por el placer de morder en sí mismo. En la mayoría de los casos uno no se excita mordiendo una birome, y tampoco la muerde pensando en alguien que desea sexualmente. Al menos no en el medio de una clase en la facultad…

Estás nervioso por alguna cuestión. Lo más probable es que saques un pucho[3] o te estés comiendo las uñas ¿Algún parecido al chupeteo del bebé? Morder, o chupar (fumar), nos calma de la misma manera en que un chupete calma a este.

El Imperio de una zona erógena


Que existe un imperio de una zona erógena quiere decir que en cada fase hay una zona del cuerpo que se vuelve el centro de la atención y de las sensaciones placenteras. Cada zona le da nombre a cada una de las fases: fase oral tiene que ver con la boca; fase anal con los esfínteres anal y urinario, y la fase fálica y genital con los genitales. El hecho de que una zona pueda llegar a ser erógena tiene que ver con el hecho de que son zonas que sirven a  las funciones importantes de la vida (la boca la nutrición, los esfínteres en la evacuación y los genitales en la reproducción).

Apuntalamiento en las funciones importantes de la vida


Que la sexualidad se apuntala en alguna de las funciones importantes de la vida, quiere decir que aparece como un extra de la satisfacción de alguna de aquellas funciones. Apuntalar significa apoyar, sostenerse en, dar impulso a. La sexualidad haya su impulso inicial en las funciones importantes de la vida: la nutrición en la fase oral, la evacuación en la fase anal y la reproducción en las fases fálicas y genital. Obtiene su impulso inicial porque sexualidad sobrepasa la mera función biológica. No se trata solo de nutrirse, se trata de ganas de comer esto o aquello. No se trata solo de reproducirse, se trata de coger[4].


[1] Freud, S., "Tres ensayos de teoría sexual" (1905), en: Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu, 2003,tomo VII
[2] Ver: Freud, S., "Tres ensayos de teoría sexual" (1905), en: Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu, 2003, tomo VII. pp 163-166
[3] En Argentina un pucho es un cigarrillo.
[4] Coger: en Argentina este término se usa como en España “joder”, o en el resto de Latinoamérica “fornicar”. Hace referencia al acto sexual por el acto sexual mismo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Las fases del desarrollo sexual


Ya hicimos un intento de definir sexualidad, asumiendo  que se trata de un concepto amplio y complejo; también diferenciamos el concepto de sexualidad de otros relacionados, como sexo, genitalidad-reproducción y género. En esta ocasión vamos a empezar a abordar el tema de las fases del desarrollo sexual. Comprender qué cuestiones se ponen en juego en cada una de ellas del nos permitirá llegar a una comprensión más acabada de aquello que entendemos por sexualidad.

Freud uno de los más grandes pioneros en lo que respecta al entendimiento de la sexualidad. Sus hallazgos y desarrollos sobre el tema le llegaron de la mano de la histeria, una enfermedad que parecía estar de moda a finales del siglo XIX y principios del XX.
La gran mayoría de las afectadas por esta enfermedad eran mujeres, que presentaban síntomas tales como cegueras, parálisis, afonías, episodios de crisis nerviosas seguidas de amnesia, entre otros. En el mundo médico había un gran desconcierto y muchas divergencias ya que no se sabía su causa. Se suponía que se trataba de alguna disfunción nerviosa, pero lo cierto es que eran solo suposiciones. 

Así que trabajando con las histéricas, Freud se fue dando cuenta de una estrecha relación que se establecía entre los síntomas histéricos y lo que las enfermas decían respecto de esos síntomas. De alguna manera esos síntomas físicos parecían simbolizar un dolor de otro tipo, un dolor de estatuto psicológico. También observó que el contenido de aquello que  las enfermas decían de su síntoma, era siempre de carácter sexual, en general recuerdo de escenas de la primera infancia, y que el síntoma tenía más que ver con una representación inconsciente del propio cuerpo que con el cuerpo en sí mismo. 

A medida que su obra avanza, Freud descubre que la relación entre el síntoma y lo que la histérica dice del síntoma tiene una estructura bien definida. Esa relación responde a una organización psíquico-sexual con una estructura bien definida, y que se conformo a través de la historia personal vivida en  el cuerpo propio, biológico pero también psicológico[1].
Como ya dijimos,  el contenido de los relatos de las histéricas siempre era de carácter sexual y tenía que ver con recuerdos de la primera infancia. Freud se animó a pensar que, si la relación entre el síntoma y los recuerdos respondía a una organización sexual, las afecciones histéricas podían tener que ver en con  una regresión de esa organización psíquico-sexual a un momento más primario, al momento de la primera infancia. Con esto ya estamos suponiendo varias cosas. Primero que existe una organización psíquico-sexual. Segundo que existe una organización sexual infantil, tercero, que esa organización psíquico sexual no es puramente genital-reproductivo (en la primera infancia no existe la reproducción) y por ultimo entonces, que si existe una organización sexual infantil y una adulta la diferencia entre ambas pasa, justamente, por la genitalidad[2].

Freud se atrevió a dar un paso más todavía. Ya suponiendo que existen varias organizaciones sexuales, se animó a pensar que son más de dos, que además son sucesivas y que son distintos estadíos por los cuales tiene atravesar el sujeto para completar el desarrollo de una sexualidad adulta. Esos estadíos es lo que conocemos como fases del desarrollo sexual que se presentan a continuación:
  • Fase oral
  • Fase sádico-anal
  • Fase fálica
  • Periodo de latencia
  • Pubertad – adolescencia
  • Genitalidad o sexualidad adulta
Ya verán que en cada fase encontraremos una problemática a resolver, y el cómo se resuelva esa problemática determinará efectos en la personalidad de cada sujeto, en su representación del mundo y de sí mismo, en su modo de relacionarse con los demás, etc.

Me parece importante aclarar que el hecho de haber alcanzado una fase posterior no implica haber dejado atrás para siempre la anterior. Cada organización sexual posterior incluye la anterior y cada una de las fases va a ir dejando huellas y conductas que formaran parte importante de nuestro carácter, nuestras conductas, nuestra personalidad, nuestras elecciones sexuales, y en algunos casos de nuestra neurosis.


[1] Esto es, un cuerpo que goza, que siente, que sufre, que duele. Pero también la representación que tenemos de nuestro propio cuerpo, un cuerpo atravesado por el lenguaje. No solo somos un grupo de órganos que funcionan mecánicamente. Esos tienen nombre, y un nombre ya es algo simbólico. Pero además está cortado por el lenguaje: la mano está dividida en la palma y los dedos; el rostro está dividido  en los ojos, la boca, la nariz. Lo importante es notar que las divisiones mencionadas no siempre tienen que ver con lo biológico. Por ejemplo: el corazón es solo un músculo que bombea sangre, no piensa, ni siente nada. Solo bombea sangre. Sin embargo, cuando nos sentimos afligidos o enamorados lo sentimos en el corazón, en el pecho. Biológicamente en realidad lo sentimos con el cerebro.
[2] Para ampliar este punto ver: Freud, S., "Tres ensayos de teoría sexual" (1905), en: Obras Completas, Buenos Aires: Amorrortu, 2003, tomo VII

viernes, 9 de diciembre de 2011

Sexualidad, genitalidad, sexo y género


Otra manera de que nos quede más claro lo que es sexualidad es diferenciar el concepto de otros que están relacionados con él pero que no son los mismos. Me refiero a genitalidad, sexo y género.

Cuando hablamos de genitalidad nos estamos refiriendo concretamente a todo lo que tiene que ver con los órganos genitales y en consecuencia a la reproducción. Ya sabemos que es a través de la relación que se da entre los genitales, el coito, que la reproducción es posible. Claro que ahora eso está en cuestión con los nuevos métodos de fertilización in vitro, la clonación, y otras técnicas modernas, pero este no es el tema del día de hoy.

Cuando hablamos de sexo, en cambio, estamos hablando de las condiciones anatómicas y genéticas que conforman los dos sexos posibles: hombre y mujer, o lo que es lo mismo en este caso, macho y hembra.

Anatómicamente, un macho es un individuo con testículos y pene, en quien se da una predominancia hormonal de testosterona, y cuya célula sexual es un espermatozoide, entre otras cosas. Una hembra, en cambio, es un individuo que tiene una vagina, útero, trompas de Falopio, ovarios que contienen óvulos, y en quien se da una predominancia hormonal de progesterona y estrógenos, entre otras cosas.

A nivel genético, el sexo está determinado por la presencia o ausencia del cromosoma Y en el par de cromosomas sexuales. Si en el par de cromosomas sexuales está presente el cromosoma Y (la combinación sería XY) estamos hablando de un macho. Si en cambio está ausente (la combinación seria XX) estamos hablando de una hembra. Hoy se sabe que no sólo depende de ello, pero a los fines de esta diferenciación de conceptos es suficiente información.

Y por último, cuando estamos hablando de género estamos hablando de lo más social que hay en la sexualidad. El género reúne una serie de convenciones sociales acerca de lo que es femenino y lo que es masculino. Es diferente en cada sociedad y también a lo largo del tiempo. Si bien está relacionado con el  sexo, no es exclusivo de él. En nuestra sociedad por ejemplo, el lugar de lo femenino está relacionado al cuidado de los hijos, del hogar; también a la belleza, la delicadeza, la fragilidad y lo erótico. El lugar de lo masculino, en cambio, está más relacionado con la rudeza, la violencia, el deporte, la fuerza y el trabajo asalariado.

Claro que estos lugares, al ser convenciones sociales, como lo anticipaba antes pueden cambiar de sociedad en sociedad, o dentro de la misma sociedad a través del tiempo. Por eso existen las luchas por la igualdad de género, y lo que se busca con ellas es que ninguno de los dos géneros se considere como superior al otro.

Desde ya que todos estos conceptos están sumamente relacionados, aunque no se determinan el uno al otro. Y todos tienen un lugar muy importante en la conformación de nuestra identidad, de nuestros comportamientos, de nuestros deseos, etc.

Sexualidad, en cambio, es un concepto que abarca a todos éstos que describimos recién. Implica la condición sexual biológica, la identidad de género, nuestra genitalidad, pero no se agota a ninguno de ellos. Incluye también otras cuestiones sumamente importantes como la historia personal, el amor, el placer, las fantasías, los deseos, la identidad, la experiencia del propio cuerpo, las relaciones con los demás, las condiciones sociales e históricas, entre otras cosas. Por ello existen muchas identidades sexuales posibles a pesar de que solo conocemos dos sexos y dos géneros.

Espero haya quedado un poco más claro a qué nos referimos con el término sexualidad. A medida que sigamos avanzando con este mini-curso iremos ampliando el tema con un recorrido histórico sobre las diferentes concepciones a lo largo de la historia y también una descripción de las fases por las que atravesamos en nuestro desarrollo sexual.
  

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿Qué es la sexualidad?


Los próximos artículos que voy a presentar forman parte de un breve curso de sexualidad que quiero compartir con ustedes. Espero que les resulte interesante. Si les interesa algún tema en particular en relación con la sexualidad, pueden dejar sus comentarios y sugerencias. Una vez que hayan finalizado las publicaciones de este mini-curso, lo van a poder encontrar completo en una de las secciones del blog. Si más comenzamos.

Primero lo primero ¿Qué es la sexualidad?

Sexualidad es un concepto muy complejo y por tanto muy difícil de acotar a una definición que dé cuenta de todo lo que implica. Una de las definiciones oficiales más completas es la que propone la Organización Mundial del la Salud (OMS).

De acuerdo con la OMS la sexualidad es “un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales" (OMS, 2006)[1].

Desde el psicoanálisis no existe una definición así formulada. Sin embargo, mucho de lo que nos dice esta definición y de lo que entendemos hoy por sexualidad proviene de los descubrimientos y desarrollos del psicoanálisis.

Históricamente la sexualidad era concebida como exclusiva de los adultos, limitada a la genitalidad y que tenía como meta la reproducción. A partir de Freud, en cambio, la sexualidad se piensa como parte central del psiquismo y de la constitución subjetiva, que está presente desde la infancia y no solamente en la adultez, que no se limita a la genitalidad sino a toda una serie de sensaciones corporales que tienen como fin el placer en sí mismo y no la reproducción (ni tampoco otra función biológica), y que además regulan el modo en que vivenciamos nuestro cuerpo, y el modo en que nos relacionamos con los demás.

En la conferencia 21 de Introducción al psicoanálisis, Freud expone su concepción de la sexualidad. Por escandaloso que parezca, asemeja la sexualidad a la perversión, en el punto en que la sexualidad y las perversiones dan cuenta de algo que es  indudablemente sexual que no es genital ni está ligado a la reproducción. Dice: “las perversiones sexuales de los adultos son algo aprehensible e inequívoco. Como ya lo prueba el nombre que se les da, universalmente admitido, pertenecen sin lugar a duda a la sexualidad. Puede llamárselos signos degenerativos, o de otro modo, pero nadie ha osado sostener que no son fenómenos de la vida sexual.  Ellos nos autorizan a formular este aserto: sexualidad y reproducción no coinciden; en efecto, es evidente que todos ellos desmienten la meta de la reproducción”. Y más adelante: “Debemos admitir algo sexual que no es genital ni tiene nada que ver con la reproducción”. Y todavía más: “tengo todavía algo que agregar para completar la apreciación de las perversiones sexuales. Por mala que sea su fama, por más que se las contraponga tajantemente a la práctica sexual normal es fácil observar que a esta última rara vez le falta algún rasgo perverso. Ya el beso merece el nombre de un acto perverso, pues consiste en la unión de dos zonas bucales erógenas en lugar de los dos genitales[2]

Para el psicoanálisis la sexualidad no tiene nada de biológico, aunque se apuntale o contribuya con ello. La sexualidad es  perversa por definición.

Pero eso no es todo. El psicoanálisis ha hecho de la sexualidad su eje, en tanto ésta está en la base de un montón de cuestiones ligadas a la subjetividad, como la relación con los demás, la relación con el propio cuerpo, la imagen del sí mismo, etc. Cosas que intentaremos abordar una por una a medida que avance este trabajo.

Esta pretende ser una mera presentación del tema. A lo largo de los diferentes artículos que conformarán este mini-curso sobre sexualidad iremos abordando uno por uno los temas aquí mencionados: diferencias de conceptos como sexualidad, género, sexo y reproducción, un recorrido histórico de las concepciones sobre la sexualidad, la relación con el lenguaje y con el parentesco, las diferentes etapas del desarrollo sexual, la prohibición del incesto, el complejo de Edipo, y muchas otras cosas.

Espero que esto les resulte interesante y esperen con expectativas el próximo articulo.



[1]http://www.who.int/reproductivehealth/publications/sexual_health/defining_sexual_health.pdf
[2] Freud, S.: 21º Conferencia: Desarrollo libidinal y organizaciones sexuales, O.C., XVI, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976